Baile de Máscaras
Perdí mi máscara más cara: Mi propia cara
La llevaba en carnaval, con el tiempo, en mi vida... ¿Y ahora?
¿Qué hacer con el alma al viento?

Me desperté como cada noche, de sopetón, sin poder dormir de nuevo por una pesadilla... El sueño volvía a ser el mismo, alguien había robado mi máscara, pero esta vez no era una pesadilla ya no estaba.
Esa máscara me acompañó desde pequeño y jamás la desprendía del rostro.
No podía vivir sin mi máscara. Era mi vida
La primera vez la hice con algodón dulce, rosa y de azucar. Daba dulzura a mi vida y me protegía de los problemas.
Por vez primera la usé cuando nació mi primo pequeño. Siempre había sido el menor de los primos y de repente sentí mucho dolor. Como un príncipe destronado me la puse y era otro. No existía mi primo, ni mi dolor, por eso nunca me la quitaba.
Poco a poco tuve que cambiarla y decidí que ya no era un niño, tenía que hacerme una nueva máscara para la adolescencia y el mejor material era la porcelana. La porcelana es brillante y delicada y protege del amor que tanto daño hacía con sus rechazos y de las traiciones de los amigos.
Después vino la de acero fundido para que fuera más resistente. Además de protegerme era hierática y así no había forma de mostrar mis verdaderos sentimientos, me mantenía protegido del mundo falso del exterior.
Siempre he sido una persona muy sensible, siempre he tenido vergüenza de mis sentimientos, de mi debilidad y de mi tristeza por el pasado...
De este modo podía mantenerme seguro detrás de mi máscara y nadie jamás sabría nada.
Mi máscara y yo, sólos uno, único en el espacio, único elemento. Ella era la que sufría, la que me escondía y me ocultaba, la que impedía mostrar mis sentimientos, la que absorbía lágrimas y escondía muecas y llantos de dolor y tristeza.
Hasta esa misma noche en que me la arrebató mi pesadilla.
Busqué tras los espejos y sólo encontré un trozo de barro, deforme y sin moldear: Mi rostro.
Desesperado busqué por la ventana gritando que volviera pero de nada sirvió. Los jilgueros del amanecer se burlaban diciendo que jamás volvería.
Entonces, inseguro y temeroso por sentirme desnudo salí a la calle para enfrentarme a mi vida, mi rutina. ese día dio una nueva cara. Elevó mi valentía y reafirmó mi alma tanto tiempo escondida. Ese día sentí que no debía esconderme nunca más entre tinieblas.
Pero al llegar la noche encontré de nuevo mi máscara. Bajo mi almohada. Había vuelto.
-No - Le dije - ya no te necesito.
Ella cambió su rostro hierático de acero que no mostraba ningún sentimiento por el de un triste arlequín lloroso
- Estás loco - espetó decepcionada
- Prefiero la locura antes que la oscura mentira de los bailes de máscaras.
A pesar de todo, desde entonces ella sigue durmiendo a mi lado, bajo mi almohada,
-Jamás sabrás cuándo podrás volver a necesitarme...

D.L.
*Dedicado a dos enmascaradas. isa y Mery, vosotras qué llevais hoy?


m-n-rivers dijo
Una valiosa lección escondida en un hermoso relato. ¿Cuántas máscaras habrá en el mundo? ¿Cuánta gente la llevará puesta en este mismo instante?
Un saludo.
7 Abril 2008 | 12:32 AM